Wednesday, February 20, 2019

La Familia Blaya

     Una de las familias principales de Mula, los Blaya, edificaron la Casa Pintada hacia 1770, siendo en su origen una vivienda palaciega.

     Esta familia constituyó un linaje hidalgo de posible origen francés, que llegó a tierras muleñas hacia 1490, procedentes de la villa de Hellín (Albacete). Su incierta ascendencia los vincula con Don Roldán, Conde de Blaya y sobrino de Carlomagno, que viajó hasta España para participar en la Reconquista Cristiana. El primer Blaya instalado en Mula fue Don Gonzalo de Blaya y Valcárcel, que casó con Doña María Jiménez de Palomeque Padilla.

     Durante la Edad Moderna (siglos XVI y XVII) amasaron una considerable fortuna, gracias a una estrategia de enlaces con las viejas oligarquías de la villa, especialmente con los Melgarejo. Por lo que durante el siglo XVIII la familia era la segunda más acaudalada de la ciudad, tras los Valcárcel, siendo levantada en estos años la Casa Pintada por Don Diego de Blaya y Molina.

     Su objetivo era mostrar la riqueza y nobleza de su linaje a través de una Casa-palacio, en el que confluían cuatro apellidos: Blaya, Molina, Piñero y Valcárcel. Muestra de ello es su ubicación, en la Calle Mayor o de San Francisco, lugar elegido por las oligarquías muleñas para construir sus residencias en la época.



Desarrollo arquitectónico

La Casa Pintada

     La Casa palaciega es de autor desconocido, aunque se sabe que su constructor debió ser uno de los dos alarifes que en la época construyeron todas las edificaciones nobles de las oligarquías muleñas: Lorenzo Duarte o Rodrigo Lentisco.

     Construida conforme a un estilo arquitectónico característico del Levante español, la casa-palacio posee planta cuadrada con tres alturas, torreón central y bodega.

     En el piso inferior se encuentra la puerta de acceso, ubicándose a la izquierda ventanas cerradas mediante fuertes rejas que iluminan la entrada. A la derecha, en lo que hoy es otra ventana, existía un portalón que daba acceso a espacios como la cocina, bodega, pozo, patios, cocheras y cuadras. Mientras que el primer piso se reservaba para la residencia de los propietarios, dotado con balcones y una terraza. Sobre éste, se sitúa la zona de desvanes donde se guardaba el cereal y los embutidos de cerdo.

     Destacar la presencia de la torre-tragaluz a cuatro aguas que sobresale del tejado, con ventanas orientadas a los cuatro puntos cardinales, realizada a base de ladrillo-visto y mampostería. Su única decoración original era un encintado de yeso rojo a media altura.

     El edificio es de una singular belleza, destacando especialmente su fachada. La decoración de ésta se realizó mediante cornisas esgrafiadas, entrepaños y escudos familiares. Su portada es de mármol labrado rojo, representándose entre las ventanas una fastuosa escena de caza.

     En el interior existía una solemne escalera con pinturas y pedrería incrustada, coronada con un enorme blasón polícromo de los cuatro apellidos del propietario. La escalera daba acceso a la bodega y a un gran salón de la primera planta. En este primer piso existían algunas dependencias dominicales adornadas con pinturas murales geométricas, donde se representan aves y motivos vegetales.

Evolución histórica

     Durante el siglo XIX el edificio fue languideciendo, siendo el exterior del piso inferior enlucido de yeso naranja. Mientras que en la pasada centuria, debido a la pérdida de influencia de la familia Blaya, la Casa Pintada pasó por diversos usos. Se utilizó como colegio de monjas desde 1926, siendo regentado por las Religiosas de la Pureza, para posteriormente ser utilizado como academia, y despacho de butano. Tras la Guerra Civil, en el piso noble se situaron los comedores de Auxilio Social, llegando a ser la cacharrería de El Copero, perteneciente a la familia Gil.

     Finalmente, el edificio fue dividido en dos partes iguales y cada una de ellas se vendió a un propietario diferente. En 1969, en el primer piso de la parte izquierda se instaló el club juvenil "Salonac", al igual que las oficinas del concesionario del Gas Butano de Mula. Locales que fueron ocupados por un colegio público entre 1973 y 1977.

     Los propietarios, con un proyecto del Colegio de Arquitectos de Murcia, tenían intención de demoler el edificio y, aprovechando su situación céntrica en la ciudad, construir un bloque de viviendas. Ante la negativa de la comisión de Patrimonio, el proyecto se paralizó. Poco después un incendio destruía su interior, pero se salvaba la fachada, que también sufrió el ataque de una pala autopropulsada, perdiéndose una cuarta parte de ésta.

     El 12 de febrero 1982 fue declarada Bien de Interés Cultural, a pesar del estado de abandono en que se encontraba.

     En 1986, la Consejería de Política Territorial, dentro de su programa de adquisición de edificios históricos, compra la Casa Pintada para rehabilitarla. El arquitecto José María Hervás procede a su reconstrucción, partiendo de una serie de documentos y fotografías antiguas del edificio.

     El criterio elegido para afrontar la restauración fue el de mantener aquello que pudiera conservarse y reconstruir sólo lo imprescindible. Lamentablemente toda la zona afectada por el incendio fue demolida, perdiéndose para siempre. Hervás tuvo que rehacer el pabellón de las antiguas cuadras, la bodega y el gran salón de la planta primera, acondicionándola para oficina y exposiciones.

     Este proceso de restauración recibió un galardón de los Premios de Arquitectura y Urbanismo de la Región de Murcia del año 2001.

Fuente:

GONZÁLEZ CASTAÑO, J.: La Casa Pintada de la Ciudad de Mula. Arte e Historia. Fundación Casa Pintada. Murcia. 2005

El programa iconográfico de la fachada de la Casa Pintada


     La fachada de la Casa Pintada de Mula es un notable ejemplo del empleo del esgrafiado para la decoración en arquitectura. Además de ser el elemento patrimonial que cerró esta práctica en Mula, tras 40 años de utilización durante el siglo XVIII, con casos tan destacados como el templo del Real Monasterio de la Encarnación o en diversas casas de la nobleza local.

     La primera sensación que se puede apreciar al observar esta fachada, es la existencia de un horror vacui, es decir, de miedo al vacío, ya que apenas existen espacios sin esgrafiados blancos sobre fondo rojo. Aunque en el primer piso, los escudos heráldicos si están separados por enlucidos de yeso blanco, lo que permite su mejor observación.

     La elaboración de esta fachada se inspiró profundamente en escenas populares del momento, que podían observarse en otros soportes artísticos como la cerámica, los grabados, la pintura, la artesanía o la literatura de pobres.




 

Temas

   El tema de las representaciones de la fachada de la Casa Pintada es estrictamente profano, sin ninguna referencia a aspectos de tipo religioso. La única excepción es la presencia de ángeles en diversas posiciones en la zona de los blasones, que simbolizan la protección divina del linaje.

     En la planta baja, la decoración se centra en la portada barroca de mármol, existiendo únicamente un mural de decoración esgrafiada situado entre dos ventanas. En él aparece una única escena, representando la caza de un ciervo en el bosque. Tema que simboliza las virtudes de la caza para el hidalgo, muy utilizado en cuadros, grabados y cerámicas de la época.

     La decoración del primer piso se centra en la glorificación de la estirpe de Don Diego María, con la presencia de sus cuatro blasones alrededor de la portada, que presentan una decoración similar con el fin de demostrar su orgullo por cada uno de sus apellidos.

     Alrededor de estos blasones, que son los elementos centrales de la escena, existe una serie de escenas conformadas en tres niveles y protagonizadas por los ya citados ángeles. Junto a ellos, aparecen numerosas figuras como guirnaldas, leones coronados, aves, jarrones con flores, búcaros con flores con serpientes aladas enroscadas, etc.

     Sobre este cuerpo, corre una moldura de escayola que sirve de separación y a la vez unión con la zona de las cámaras y la cornisa. En ésta se representan jarrones o canastos con flores. Y encima de las aberturas de las cámaras aparece una línea de esgrafiados que vuelve las esquinas, donde se representa una continuada guirnalda con motivos vegetales. Y sobre esta línea, aparece la gola entre molduras de yeso, con multitud de personajes como águilas bicéfalas, jarrones, motivos geométricos y vegetales, perros, aves, ángeles, caballeros, fuentes, etc. 

Fuente: GONZÁLEZ CASTAÑO, J.: La Casa Pintada de la Ciudad de Mula. Arte e Historia. Fundación Casa Pintada. Murcia. 2005



EXPOSICIONES EN LA CASA PINTADA: LA BODEGA / ESPACIO EMERGENTE


Además de la exposición permanente de la obra de Cristóbal Gabarrón que se exhibe en el Museo, la Casa Pintada inició en octubre de 2005 su primera serie de exposiciones de artistas emergentes, seleccionados por dos comités de expertos integrados por miembros de la Asociación Murciana de Críticos de Arte y periodistas culturales.

La antigua bodega de aceite , en el sótano de la Casa, se ha convertido en un espacio singular para la realización de proyectos no convencionales concebidos específicamente para ese entorno.


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